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29 de julio de 2011

pluma

soy ligera como una pluma
que lentamente encuentra a
su prometido, el abismo,
saboreando en cada uno
de sus componentes, seduciendo
con su coqueto vaivén.

ligera como una pluma,
figura derrumbada con tantas
suposiciones, atribuciones
de física.

ligera, me dejo llevar
entre los colores de esa canción,
la que pone una sonrisa en mis
labios, la que me hace mover
las caderas entre esquinas y callejuelas.

ligera y sola. Única,
perdida y encontrada
hasta aquel movimiento de placer
en el que en un ligero y encantador
twist vuelvo hacia ti, mi confortable
abismo.

13 de febrero de 2010

paseo en tren

Parecía una mañana cualquiera, pero evidentemente no lo era. El infalible despertador sonó a las 6h30. Iván se levantó con lo ojos aún cerrados. Se dirigió hacia la sala de baño, enjuagó su rostro áspero con el agua aún fría del grifo. Notó que la barriga estaba vacía. Puso la cafetera y se metió a la ducha. Comenzó, como lo hacía todos los días, a hacer el recuentro de las tareas pendientes para esa jornada. Las rankeó según sus prioridades. Con la toalla húmeda atada a la cintura, lamentó su rutina matinal. Su vida giraba entorno a cifras, listas de oportunidades, estrategias de marketing y competencias publicitarias.

Entre sorbos de café, una idea sobrevino la mente de Iván: mandar todo a la mierda. Se calzó unos tenis en lugar de los italianos usuales; de su armario, sacó un viejo morral, lo rellenó con una libreta de viaje, un bolígrafo, su pasaporte, una toalla de gimnasia, su billetera y su vieja navaja suiza.

Anduvo sin dirección durante un rato hasta que un sonido llamó su atención. Se encontraba a pocos metros de la estación de tren. Sin pensarlo si quiera abordó el primer tren. No tenía idea a dónde le llevaría aquel motor. Miro a su alrededor y notó a muchos trajes de oficina, con miradas perdidas, clavadas en los cristales del vagón... casi como añorando sentir la calidez de los rayos de sol.

Uno de ellos se acercó, se veía ansioso pero amistoso. Le comentó el origen de ese tren. Le preguntó de qué estaba harto él pero no le dio tiempo a contestar. Era muy bien sabido, entre ellos al menos, que una vez cada cuando este tren salía de un punto extraviado en la geografía y los llevaba sin rumbo a un vuelco en sus vidas, en tan sólo unas horas. Se decía que la gente era capaz de encontrar su verdadero yo en este viaje. También se contaba que sólo se podía montar una vez. Se trataba, pues, de una oportunidad única de sincerarse y hallar lo que les hacía tan miserables día a día.

A Iván le resultó incómoda esa charla. No tenía idea de lo que su "colega" contaba. Él se había sentido débil hoy pero eso no quería decir que fuera miserable o vacío ni nada o mucho por el estilo. Se retorcía en los asientos de cuero, esperando la parada para desmontar y dejar toda ésta experiencia atrás. Volvió a pensar en la lista y en lo irresponsable que era por no llevar consigo el celular, en su primera acción al volver.

Un golpe seco lo sacó de sus pensamientos. Era el destino misterioso, una ciudad abandonada. No corrían prisas. Sólo estaban los sujetos del tren. No tenía habitantes, ni comercios, ni glorias propias o ajenas. Era un lugar real o ello aparentaba. Aunque, quizá, era todo un montaje cinematográfico... un tanto más real que el teatral pero mucho menos que la realidad tal cual. Iván se ahogaba en ideas retorcidas, tratando de hallar al artífice de esa trama, al maquinista de ese tren fantasma. No halló lógica ni idoneidad. De pronto estuvo sólo. Las voces de sus compañeros se extinguieron. Se trataba de él. Nunca había enfrentado tanta presión, tanto silencio. Angustia.

De su morral, extrajo la libreto y se sentó en la butaca del bar de aquella ciudad. Escribió durante horas. Se detuvo cuando el bolígrafo perdió su tinta. Alzó la mirada en busca de un rastro humano que se compadeciera de él y de la página en blanco. Anduvo sin sentido hasta donde se partía el horizonte en dos. Era un atardecer bellísimo. Le invadió un resplandor singular. No tenía idea de dónde provenía hasta que un impulso agudo le golpeó en la nuca. Era el reflector de tren fantasma. Debía abordarlo.

Corrió hasta que dejo de sentir sus piernas, tenía la respiración colgando de un hilo, el pecho hundido en un profundo hoyo negro. Un brazo halló los suyos. Fue transportado hacia su butaca de cuero. Allí durmió.

El infalible despertador sonó a las 6h30. Iván se levantó con lo ojos aún cerrados. Se dirigió hacia la sala de baño, enjuagó su rostro áspero con el agua aún fría del grifo. Notó que la barriga estaba vacía. Puso la cafetera y se metió a la ducha. Comenzó, como lo hacía todos los días, a hacer el recuentro de las tareas pendientes para esá jornada. Las rankeó según sus prioridades. Con la toalla húmeda atada a la cintura, lamentó su rutina matinal. Su vida giraba entorno a cifras, listas de oportunidades, estrategias de maketing y competencias publicitarias.

Entre sorbos de café, Iván leía su libreta viajera. Cogió sus llaves y se fue al trabajo, en su traje fino, calzando sólo unos tenis rojos.

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Del banco de transfusiones.-

"Anónimo dijo:
El tipo se levanta un dia sintiendo la imperiosa necesidad de no ir a su laburo y tomarse un tren. Se va a una terminal ferroviaria y se toma el tren que mas lejor lo lleva. Se sube al tren y comienza a notar que toda la gente esta como mirando por la ventanilla para ver por donde se dirije el tren. Como si ninguno de los pasajeros allan tomado jamas ese tren hecho que corrobora al hablar con vaiors de ellos que le cuentan que ese dia se levantaron sin ganas de ir al laburo y se tomaron ese tren . Donde para? en una ciudad cuyas casas calles y comercios estan vacios y para ahi porque termina la via. aca sigan el cuento, pueden todos quedarse y vivir en ese pueblo tomando las casas, pueden estar muertos, pueden ser super afines, etc "

9 de diciembre de 2009

malgré

Malgré mon absence,
des histoires,
du silence.

Malgré ton absence...
des nuits froides.

Malgré ces mots,
je suis tombée du lit
depuis ta partie, j'ai plus
à quoi rêver.

12 de septiembre de 2009

sabroso

Veneno. Es lo único en lo que pienso cuando lo nombran. Muy pronto, un sentimiento irritante trepa a las venas de mi cuello. Un sabor agridulce permanece en la punta de la lengua. En cada letra se hace sentir el odio de un recuerdo ácido y mal oliente. Es un fastidio y aún más un gran hastío. No lo soporto pero es sólo un pedazo de brócoli.

2 de septiembre de 2009

cantos

Un ligero espacio divide el de mi yo
Una sombra del que no conoce el sí en el espejo del placard
Un baile de a dos torpemente interpretado por doña neverland.

Una palabra no dicha que se consume cual ave fénix.
Cuatro letras que se comen en un bol de cereal,
frío... descompuesto.
Un nombre desasociado, invisible
asentimental

Son cantos de un otro converitdo en yo cuando ella era

29 de agosto de 2009

reloj

Son horas trasnochadas las tuyas conmigo, unas de borron y cuenta nueva. Tic tacs atrapados en una sala de espera de un aeropuerto enano. Tan lentas, tan vacías. Son garras sin afilar que sólo causan rechazo. Vamos despacio. Estamos.

23 de junio de 2009

recuerdos

Tus dedos trazan un camino curioso al navegar, ondeando, mis recuerdos. Vuelvo tras mis pasos andados, barridos en el desván del olvido. Un tono oscuro y una silueta borrosa se presentan en el salón. Son los aullidos de niños. Fervientes, vehementes. Somos tú y yo, bailando aquel antiguo tango. Saltando en las gavetas. De ojuela en ojuela, viviendo en nuestra propia caja de cereal.
Somos gaviotas. Quizá, elegantes. Tal vez, hambientas. Somos presente. Nuestras manos se encuentran, se conocen, se enamoran. Corren las horas en tiempo detenido cual cine de antaño. Mis cabellos al viento distraen la atención de mis dientes que finamente destrozan mi labio inferior. Te pertenezco, en mi ausencia.
Mis párpados se dejan caer como una cortina espesa de terciopelo. Tengo a tus dedos confundidos con mi piel. A tu germen en mi sangre recorriéndome vagamente. Soy aire corrompido por el vaho del verano. Detenida en un absurdo del destino. No vuelo hacia tí. Me hundo en un futuro carente de labios frenéticos, repleto de hollín.

20 de mayo de 2009

a la deriva

I
El tiempo se cuela
surcando
dunas color canela
en el caos
de un tibio vaho.

II
Dulce es el saberse victorioso
en la gloria de un giño
como trofeo de guerra
llevo una espina el dorso.

III
Anochece tan pronto
cuando me abandonas en esas sábanas
que ya sin ti, son ajenas

11 de marzo de 2009

yo, en venganza

Bruja presistente, deja de colarte por mi ventana. Con tus pelos de mibre y tu corazón de hojalata, has despertado los demonios enjaulados en el placard. Anda, tómate una siesta. Aguarda a que te dé la señal de "go" y puedas escurrirte entre sus sábanas. Hazle, entonces, llorar. Retorcerse en su veneno vípero y mordaz. Susúrrale en el viento que le amo y que le extraño pero promete que no se lo dirás directamente. Tiene que aparentar ser un sueño.
Mujer de ojos perversos, recuérdale que la vida se come con cuchara de cereal y que su niño interior corre peligro. Súmate en sus pesadillas: en el frío pantano de sus pensamientos. Cúbrelo de sospechas y de engreimientos.
Contenle en tu seno hasta que decida regresar. Muéstrale el espanto de tus mandíbulas sin dientes y en el vaho de tu insípido aliento, hazle añorar nuestro árbol de cerezos.
Ícono noctámbul, lléname de tu vacío fantasmal. Reemplaza este miedo con firmeza y transforma este dolor inconmesurable en sal yodada. Quiero guardarla en la alacena... para nuestra nueva primera cena.

14 de noviembre de 2008

emergencia matutina

Los ojos me ardían. Era medianoche y los párpados me pesaban una tonelada. Era la tercera vez en ésta semana. Desperté con mis sentidos nublados. Estaba empapada de sudor, con la respiración entrecortada. No pude establecer si todo aquello era consecuencia de una fiebre nocturna o un virus de la mañana. No le presté mayor atención aunque mi curiosidad estaba comprometida.


Luego de mucho ensayar logré sumirme en un sueño profundo en una perturbante claroscuridad. Al despertar, en mi pecho se llevaba a cabo un concierto de rock. Debía tener la presión altísima, sudaba a mares y me embargaban esos deseos irreprimibles por gritar, gemir y hasta llorar.


Pasé el día de una forma fantasmal. Mi aliento se había extraviado. Las orejas me ardían iluminando mi andar en piloto automático. Al desaparecer el sol, Morfeo capturó mis sueños y me envolvió en mis anhelos. La sombra atacó. Susurraba en mi oído. Me enseñó aquel mundo prohíbido.


Era una tierra reinada por gigantes de un sólo ojo: seres sabios y amistosos. Me llevaron de la mano al único mirador de aquel sitio. Sus manos eran tersas. Desde allí alcancé a ver a sus subordinados: gente común. Me obsequiaron un telescopio que me permitía ser un espectador ausente en las acciones de aquellos pobladores.


Llamó mi atención una mujer que paseaba a su perro. No parecía gran cosa pero luego descubrí su patrón. Caminaba una y otra vez por el mismo camino, tanto que había abierto una brecha en el suelo antes sólido. Pegué los ojos al telescopio porque los edificios que en la primera vuelta eran verdes se transformaron en morados. ¿Qué había ocurrido? Observé el suelo y las pisadas seguían siendo las mismas. Se trataría tal vez de un holograama que cambiaba conforme a su propio placer.


Aquella tierra entintada por mitos y leyendas parecía atraparme. La idea de no volver al mundo real fluyó por mi cabeza por enésima vez. El artefacto funcionaba a toda hora. Reprimía escenas y las transmitía a su simple contacto con mi rostro. Me preguntaba si aquel lugar era realmente dominado por titanes de un ojo. Quería creer que ellos eran subordinados que trabajaban en secreto para mi. Creo que todo ello tenía su cuota de razón. Finalmente serían seres inexistentes si yo me despertaba.
Esa semana, cuentan mis amigos, no se me vio en ningún lado. Parecía que estaba al fondo del cajón de objetos desaparecidos. Yo sólo sé que al despertar me entró una urgengencia por volver a la magia de mi telescopio. Busqué entre las sábanaas y debajo de la cama. Hoy, vuelvo a ver esos edificios mora únicamente cuando sueño despierta, como un recuerdo vívido aunque lejano. Si alguna vez llego a regresar, los gigantes me capturarán y me veré forzada a reinar con ese maravilloso sentinmiento de pertenencia y de poder que encontré en aquellas tierras.

11 de septiembre de 2008

violeta (again)

A mis compañeros del taller;
al Zaiper;
a Violeta.
Era un día ordinario en la Villa Quéhacer; el sol brillaba allá en lo alto; los ruidos del gentío se dejaban oír a metros de distancia; los teléfonos lloraban en 20 000 distintos ringtones. Quizá la villaquéhaciense no tenía idea que ese día sería diferente. Caminó deprisa con el móvil anexado a la oreja. No distinguió rostros ni sonidos en la acera. Su latir era el incesante taconear de los zapatos sobre el pavimento. Selló la llamada con un extenso pestañar. Fue allí cuando sucedió.
La piel se le engallinó y acarició el inicio de un orgasmo. Saboreó sus labios y se detuvo tratando de contener la respiración. En sus párpados corrieron imágenes inéditas sobre lo que ella ahora entendía como felicidad. Traía la frente perlada de un sudor (olor a violetas). Regresó en sus pasos como si tuviera ocho de nuevo; saltando. Cambió sin meditar sus tacones por unos zapatos deportivos color negriblancos, con un patrón de ajedrez. Caminó por horas, sin rumbo ni razón. Y, en una vieja esquina de su adolescencia, se sentó.
Experimentó el atardecer. Sintió como su diafragma se quebró en un largo lamentar. El aire era ralo, tal vez demasiado denso. Los pulmones parecían colapsar en la nostalgia. Calculó los días alejados del acto más humano: morir-nacer, ser nada- ser todo, dar colores vivos - dar colores muertos. Se limpió la sal seca del rostro con los puños de aquella blusa cara. Arrastro sus rodilas por la tierra de la costa y se puso de pie con los brazos abiertos; entregándose a la noche.
Esa noche, la villaquéhaciencia, renació. Encontró la vieja máquina de cuerda que echaba a correr la sangre a través de su masa corporal. Cerró los ojos de nuevo; se excitó en una carcajada; y nunca más los volvió a abrir.

6 de agosto de 2008

historias de parto

- Estimado señor, tengo a bien informar que su bebe ha nacido sin dificultad a las cuatro de ésta tarde.
- ¡Sin dificultad dice! ¡Mi mujer ha estado en labor desde hace más de 24 horas!
- Sí. Sin problemas. Aquello de estar en labor por mucho tiempo sólo quiere decir que su niña es un tanto rebelde, de nacimiento.
- ¿Cómo están?
- Pues, un poco cansados. Han sido 24 horas de arduo trabajo.
- ¿Qué?
- Sí. Usted no se imagina los sacrificios que uno tiene que hacer como doctor.
- ¿Ah?
- Hay que contabilizarlo todo. Primero está el paciente. Por ello me he tenido que quedar en la clínica a monitorear todo el proceso. He tenido que dormir con el móvil encendido. Un verdadero fastidio. Amanecí todo tenso pensando que me iban a llamar... y nada. De otro lado, no he podido ir al partido de fútbol de mi hijo. No es que sea un Maradona, no? pero es mi hijo. ¿Seguimos? Bueno, también debo confesarle que hace como cuatro horas tuve que subirme encima de su esposa para ayudarla pujar. Un hecho nada placentero. Es una mujer muy grande, usted sabe. ¡Ah! Pero lo peor llegó hace unos momentos cuando su hija nació. ¡Era gigante! Le dió mucho trabajo al asistente que tenía que asearla y todo lo demás.
- ¿?
- Desde luego, no se preocupe. Ellas se encuentran bien. Un poco maltratadas por el tiempo de espera, pues no teníamos la sala preparada. En fin, toda un anécdota. Claro que se lo podría explicar mejor cuando le llegue la factura por todas éstas molestias, incluídos los daños psicológicos sufridos y los impuestos. ¿Lo espero?

4 de agosto de 2008

horas trasnochadas

Comienza la búsqueda.


Giras el picaporte,
la habitación enmudece.

Un estruendo se repite en
el hueco de mi cabeza.
Cuatro horas pasan lentas
(en el reloj de la derecha)
Las paredes lloran
(en verde).

Son las nueve
la cena aguarda
fría
inerte
en la mesa de en frente.

Viento,
llueve por mis mejillas;
giras el picaporte,
la ciudad enmudece.

Son las diez menos veinte
un fuego color mora se encarna en mi cara
Los puños aprietan,
no tan fuerte como los dientes.

Un cigarrillo se apaga
bajo el tacón diestro
(en la habitación, aún verde).

Son horas de la nueva noche
Renace, y muere el día.

14 de junio de 2008

carcelero en rojo

Este va dedicado al "Zaiper";
el ejercicio es un vicio
(satisaface
pero te deja
deseando MÁS).

Soledad, cinco de la tarde. Un plato desbordado de aros de cebolla y un vaso alcohólico a medio llenar estancados en una vieja mesa de cedro; a su lado, una silla da la impresión de reo agrilletado en cárcel de máxima seguridad. La brisa se hace más intensa. Susurra sonidos del pasado. Cuentos de ancianos pitonisos que han caído ya en desgracia.
El carcelero trae los labios en carmesí que con bocanadas largas de un gris humeante se pierde en la neblina anclada en su interior. Un silencio bullicioso comienza a gobernar en aquel rincón en medio de la nada. Las gafas oscuras disimulan las gotas saladas que se despliegan en sus mejillas contorneadas. Juega entre sus dedos con una soga pequeña atada en sus extremos. Después de todo es un momento sin comienzo ni final. Una esfera; una unión; un aro. Un viejo amuleto carente de valor comercial o real.
El jinete del tiempo apresura su paso. El carcelero se ha visto envuelto por la noche. La luna (otrora amiga suya) se quedó en el otro lado del globo. A él sólo le quedaron una docena de estrellas que se burlan a lo lejos. Libera al reo y ahora gobierna el suelo por donde sus pasos hieren al andar. Se detiene frente al viejo estante repleto de polvo; acumulado por el desperdicio mundano. Sólo un anaquel sorprende por su contenido: una serie de libros abandonados. Algo late en rojo en el espíritu del carcelero. Con cuidado traza caricias en sus lomos roídos y tras un gran frenesí se lanza vigoroso a hurgar en la tinta retenida en tanta piel canela. Vuelve a su posición inicial. Sella su decepción con un golpe que se repite en el eco. No era más que una enciclopedia barata.
En una esquina se halla una caja de cristal, en aparente libertad. Libre y sometida al unísono. En su interior un viejo piano emite notas dulces que facilitan el ejercicio de respirar y ponen color en las mejillas. Gotas gruesas de agua se acumulan en la frente del carcelero, quien tras remover su pesado saco rojo ha improvisado unos pasos de tap. Se cree Fred Astair saltando sobre objetos; dejando puntos insuturables con sus zapatos de tacón. Se lanza sobre un viejo tonel y dispara chorros de veneno por el suelo. Contaminante guinda que, sin ansias, recupera su libertad en perfecta armonía con el llanto del cielo. Se oyen ruidos extraídos de épocas salvajes, empero rítmicos. Sedientos por dejar marca en este presente.
Aún hoy quedan rastros de aquella lucha de poder, aunque el suelo de concreto se haya transformado en listones de madera; aún cuando el carcelero dejó el carmesí de sus labios enterrado a seis pies; aún cuando hay sólo libertad. Abro los ojos. Ya no está.

9 de junio de 2008

la k-p

Para quienes creyeron conocer la historia...
Ella salía de un burdel en la calle 26 de la ciudad de Nueva York que llevaba por nombre "la casa de mamá". La matrona del lugar le había advertido que se cuidara de los lobos que solían acechar a las muchachas sin cesar. Acentúo su preocuapación en aquella tarde. Insistió en que en su camino no permitiera que nada ni nadie la distrajese.
K-P, iniciales de su nombre real, zigzageaba las largas avenidas con el propósito de hallar a su hada madrina. Toda prostituta tiene una madrina de ejercicio. Una mujer de quien aprender las artes de la seducción, del engaño y, por sobretodo, del desamor. La abuela era reconocida por su clase y espíritu luchador.
Como en toda historia de chicas y muchachos, se apareció, en medio de la nada, el lobo; un gigoló de medio pelo a quien muchas le habían otorgado sus virtudes. El lobo Rigoberto se plantó delante de nuestra cándida heroína y le dijo: "te conozco reina. Vienes de la casa de mamá. Te voy a ver siempre. Te mueves muy sensual. ¿A dónde vas? ¿Te puedo ayudar?"
La pobre no reconoció al peligro en los ojos pardos que tenía en frente. Sin embargo, procuro con cautela no dejarse llevar. Ella, cruzó los brazos, agradeció la oferta, y le dijo "si quieres verme, ven al club". Marchándose luego.
Pero como la historia no puede tener un final tan anticipado, se debe decir que el Lobo insistió e insitió e insistió hasta conseguir embaucar a la niña y volar pronto al refugio de la abuela. Él sabía que podría conseguir a quien quisiese si lograba tener bajo su dominio a la matriarca de todas ellas; la erudita, la reina.
Llegó primero al destino añorado y se sumergió en una batalla campal (entre sábanas blancas) con la abuela. Tras once minutos, ella se encontraba extenuada. La encerró en el ropero y utilizó unos polvos mágicos en el aire para que la Cape no lo reconozca. Era importante mantenerla neutra. No permitir que se llene de ideas ni de celos. Él quería el poder de ambas.
Cuando la novicia arribó todo era confuso. Parecía que el lugar se había transformado en un mundo fantástico donde la realidad no tenía cabida. Recuerda, ahora, haber reconocido su figura. Presionarlo hasta obtener la verdad. Una vez disuelto el hechizo. Ella alzó un grito de exitación que trajo a un curioso a la habitación.
Un hombre musculoso y bronceado que en afán heroíco saltó al acecho del impostor. Grande fue la decepción de la K-P al descubrir que el fisiculturista ese, con pinta de leñador, la tomaría indefensa hasta saciar sus necesidades bestiales.
La abuela murió de asfixia en aquél ropero y K-P regresó, sin dignidad, a la casa de mamá.

1 de junio de 2008

sonidos

Silencio.
Nada que oír;
impotencia desbordada
en mis nudillos.
Espasmódico silencio.
Hueco;
aún virgen en el vacío.
Este solía ser un mundo bullicioso, donde el caer de un alfiler corría desprevenido en el tiempo. Hoy tengo la certeza de que un triple repique de una campana resuena en algún lugar y no lo oigo; tal vez sea una alucinación.
Una nada que se alimenta de sus ventajas. Se han desvanecido las sirenas a medianoche y los berrinches de críos malcriados. Una nada que atormenta con sus carencias. Las voces en mi cabeza han enmudecido; me es ajeno el dulce sonido de las gotas de invierno azotando el suelo.
El aire ralea. Es como si fuera esencial para mis pulmones aquel golpe seco en mis narices. Ruido enfrascado... enjaulado. Explota en una caverna oscura: mía, frágil, inútil. Tengo un sabor infernal en los labios. Padezco de una crónica descomposición del cuerpo. Pierdo color.
La nada que deseperada se pierde en sí misma y nada. Clausuro mis ojos en ensayo de recuperación. Subo los cinco pisos que me llevana al salón otrora repleto de los sonidos del mundo. Paro en seco y empaño el cristal. Mi corazón se desliga de la carne. Giro el picaporte silenciosamente. Una luz religiosa se apodera de mi mente; sin embargo, ningún coro de ángeles me recibe. Más vacío decepcionante.
Las rodillas me tiemblan y caigo al suelo en un movimiento seco. Lágrimas se deslizan en un campo vacacional. Oscuridad enmudecida. De repente, una sombra se entrega a mis manos pálidas; devuelve vida en un soplo. Una verdadera salvavida. Abro mis ventanas con miedo a perderla. En su lugar hallo una nota musical que tras acariciarla se convierte en un festín de color. Es mágico. Es radiante.
Es mi amante quien susurra un delicado te amo y acomoda sus brazos en mi cuerpo bajo las sábanas.

26 de mayo de 2008

personajes

Para los chicos del taller...
porque de estos ejercicios armamos el presente;
para que no se nos agoten las versiones
:D
AD: Un ejercicio similar,
aunque superior se deja leer

°°°°°0°°°°°°
ELLA escribió desesperadamente en su portátil. Sebastian (conocido en l'acera paralela como El Zaiper) acercó la nariz a la pantalla del ordenador una y otra vez. Él, sin saberlo, abrió una caja de pandora en su anterior comunicación. Pidió... exigió un acto que demandó quizá demasiado de ella (o de su lado conformista). Lució pálido, aunque menos turbado de lo que hubiese imaginado. ELLA, su alumna, tuvo la idea escrita en la frente cuando él ´lanzó la propuesta; la revisó; jugó con ella hasta que durmió. En eso acudió a mí a sabiendas de mi próximo encuentro con El Zaiper. Él tardó en llegar a mí, pero noté que su aprendiz dejó un rastro en su lado secreto. No se detuvo en su sueño. Persiguió letra por letra. su intención: protegerlas. Mentor y novicia, cazadores de palabras. Guardianes con roles diversos; unidos por un ejercicio.

°°°°°1°°°°°°
Escribí desesperadamente en mi portátil. ÉL me comentó que El Zaiper (conocido en l'acera paralela como Sebastian) acercó una y otra vez el rostro al monitor de su ordenador. No sé porqué él tuvo que abrir esa caja de Pandora con su email anterior. Me pidió. No, me exigió quizá demasiado. ÉL me contó que lució pálido al recibir mi devolución, aunque menos turbado de lo que imaginó. La idea me attropelló a penas lanzada la propuesta. No pude quitármela de la cabeza. Incluso, podría jurar que dormí pensando en ella. Fue entonces cuando acudí a ÉL, a sabiendas de su próximo encuentro con mi profesor. Tardó en llegar, pero en su sueño dejó notar su intención: proteger mis letras. Mentor y novicia, cazadores de palabras. Guardianes con roles diversos; unidos por un ejercicio.

°°°°°2°°°°°
Pegué las narices, no sé cuantas veces, al monitor. Se sentía una intensidad abrumadora en cada una de sus palabras. Lancé una propuesta que demandó muy poco de ella. Quizá aquéllo la enfureció. No dejé de pensar en lo escrito. Me dormí. Fue entonces cuando entendí que ella hizo un pacto con ÉL, quien me encontró; a mí y a mi lado secreto. Él tan sólo observó mi rol de cazador de letras. Iba una a una, capturándolas, protegiéndolas. Era mi misión. Mentor y aprendiz (amantes de los ritmos), unidos por una vocación.
°°°°°°3°°°°°
Ella estampaba vertiginosamente sus dedos sobre el teclado de su portátil mientras él (Sebastian, también conocidoen l'acera paralela como El Zaiper) acechaba su monitor unas trescientas veces con la punta de su nariz. Este había abierto una caja de Pandora en su última misiva; exigiendo un tanto de ella. Lucía pálido. Aparentemente anonadado por lo que leía, aunque no lo suficientemente turbado como para dormir pensando en ello. Ella abría un pacto sin retorno conmigo, desconociendo que él no llevaría sus palabras en nuestra próxima cita. Mentor y novicia unidos por las letras. Distanciados en sus prioridades.
°°°°°4°°°°°
Me soñé delante de la máquina portátil. Tipeando como si fuese a salvarme de un tornado con ello. mis palabras hablarían con El Zaiper (conocido en el mundo de abajo como Sebas). Lo vi también a él en mi sueño. Tenía la cara pegada a la pantalla de su máquina de escritorio. Creo que lucía más pálido que lo de costumbre. Quizá lo estaba por mis palabras. Tal vez por mi ímpetu al mandarle aquel material. Había un pacto de por medio. Un acuerdo con el señor de los sueños: cuando El Zaip)er durmiera, él me contaría lo que aquél sintiera. Soñé (y añoré) que cazaba mis letras, una a una, con una red especial, tejida por hadas para tal fin. Mentor y aprendiz unidos por este inusual sueño.
°°°°°5°°°°°
Allí estaba ella y allá estaba él. Ella escribía sobre su ordenador portátil y él no hacía nada. Minutos despuiés, él pegaba las narices al monitor tras no creer lo que leía y ella soñaba. Aprendiz que acordaba un pacto con el gran señor de los senderos de la imaginación y el descanso. Él seguía expulsado de este universo; vagando tras las palabras y ella se dejaba ir con una sonrisa. Él cazaba palabras con una red especial y ella no estaba (¿o lo estaría en cada una de ellas?). Él era su mentor y ella su aprendiz y ambos estaban unido por mí y por sus palabras.

25 de mayo de 2008

sueños

Esta escena ya la conozco. Andas rasurando el espíritu con una de esas máquinas modernas que trozarían un fino álamo en cuestión de segundos. Debo advertirte, sin embargo, que si no usas gafas protectoras las virutas caerán en tus ojos. Éstas pasaran desapercibidas por un tiempo. Silenciosas cobrarán vida como un frijolito en frasquito de vidrio. Harán raíces detrás del iris y crearán pensamientos dulces y sonoros. Cuando menos lo pienses, los sueños (otrora ajenos y prohibidos) descenderán por tu espina nerviosa y estarán tan cerca de la realidad que casi los podrás saborear en tus labios y sentir en las yemas de tus dedos. Coquetearás con ideas perniciosas para tu rutina eficaz. Te hallarás cambiado. Disgustado con tu presente, con expectativas futuras. Serás un exiliado del universo vestido de gris o azul. Querrás escuchar jazz y asistir a lecturas de libros. Probarás un café negro sin azúcar y un cigarrillo hasta conquistar su filtro. Te dejarás crecer un poco los risos y la barba siempre se te verá como con un día de atraso. Sonreirás, aunque sea lo más difícil, y sentirás que de pronto la vida se disfruta mejor de a sorbitos pequeños cargados de especias y una explosión de sabores. Te beberás un brandy con un purito traído por un nuevo amigo de la Habana y en lugar de caviar habrá en tu plato comida de uno de esos lugares étnicos callejeros. Te sentarán los jeans y no podrás entender porqué los dejaste de usar pasado algún punto. Querrás entonces mirar atrás, pero te sentirás seducido por aquel horizonte que se pierde en la conexión diurna-nocturna. Comprarás una cámara y tomarás lecciones avanzadas en las plazas. Conocerás el amor delante de una madre y su hijo. Te sentarás en el pavimento y descubrirás que no hubo jamás frío más rico. Reconocerás frente al espejo a un hombre feliz con potencial de ejecutivo. Entonces los removerás todos de la casa entera. Cerrarás los ojos y viajaras al mundo de lo desconocido. Bailarás tango en Argentina y samba en Brasil. Caminarás descalzo en la arena y vivirás tu primera nevada. Saltarás edificios en afán de réplica de cualquier misión imposible. Serás inmensamente feliz cuando tu rostro se arrugue de tanto reír y pienses que a tus cincuentaitantos años aún te queda mucho por vivir. Te sentarás al borde de la cama para ver el amanecer y al oscurecer harás una pausa desde cualquier puente y le rendirás respeto a esos minutos de muerte y de renacimiento. Te sentirás fuerte. Las etiquetas más deleznables se te caerán como tus cabellos (de a cientos por día). Bailarás sin sentido en las aceras y el coche sólo lo usarás para salir de la ciudad… hasta que descubras los rieles interminables de una aventura distinta.
Dejo las gafas protectoras a tu alcance… con un poco de suerte te las olvidarás al decapitar ese último espíritu en tu cubículo hoy.

3 de mayo de 2008

rotaciones

Rodaba, como una piedrecilla en la punta del zapato.
Rodaba y no sabía hacía a dónde iría a parar. Vagabunda; alejada de realidades alternas. Una sirena con piel de coneja. Aparentemente indefensa. Tenaz.
Rodaba en el acantilado de los sinsueños. Derramaba mi alma y mi soledad en cada bote; empero, aún guardaba aliento. Giraba sin flores tecnicolor ni canciones de rock. Era pobre, sangraba, jugaba a ser una ilusión extraviada.
Rodaba y era nada, o parte de ella. En el silencio de un enorme grito, me hundía. Infausta, sentenciada a la prisión, sin opción de muerte.
Rodaba. Yo rodaba.

27 de abril de 2008

derivaciones

letras inspiradas en un vaivén de ida y vuelta.
Escritas en colaboración con Mónica Bonifacio.
Dedicadas, en parte a El Zaiper;
y, en otra parte, a una nueva amistad.

Como yo lo concibo, amiga,
conocerte requiere
de un baile continuo.
(utilizando nuestra música interior)

Cada identidad danza con ritmo propio
definiendo personajes,
sombras,
sin destino ni resultado asumido.

Confiamos en un mentor que no pregunta
(a nadie)
orígen ni forma
y que impulsa seguir escribiendo;
volando en libertad,
como una página suelta de ese libro favorito.

La versión del primer texto no cambiará.
No habrán nombres. No habrá lugar.
Recuerda acercarte el próximo mayo
para nuestra cita habitual.