25 de mayo de 2008

sueños

Esta escena ya la conozco. Andas rasurando el espíritu con una de esas máquinas modernas que trozarían un fino álamo en cuestión de segundos. Debo advertirte, sin embargo, que si no usas gafas protectoras las virutas caerán en tus ojos. Éstas pasaran desapercibidas por un tiempo. Silenciosas cobrarán vida como un frijolito en frasquito de vidrio. Harán raíces detrás del iris y crearán pensamientos dulces y sonoros. Cuando menos lo pienses, los sueños (otrora ajenos y prohibidos) descenderán por tu espina nerviosa y estarán tan cerca de la realidad que casi los podrás saborear en tus labios y sentir en las yemas de tus dedos. Coquetearás con ideas perniciosas para tu rutina eficaz. Te hallarás cambiado. Disgustado con tu presente, con expectativas futuras. Serás un exiliado del universo vestido de gris o azul. Querrás escuchar jazz y asistir a lecturas de libros. Probarás un café negro sin azúcar y un cigarrillo hasta conquistar su filtro. Te dejarás crecer un poco los risos y la barba siempre se te verá como con un día de atraso. Sonreirás, aunque sea lo más difícil, y sentirás que de pronto la vida se disfruta mejor de a sorbitos pequeños cargados de especias y una explosión de sabores. Te beberás un brandy con un purito traído por un nuevo amigo de la Habana y en lugar de caviar habrá en tu plato comida de uno de esos lugares étnicos callejeros. Te sentarán los jeans y no podrás entender porqué los dejaste de usar pasado algún punto. Querrás entonces mirar atrás, pero te sentirás seducido por aquel horizonte que se pierde en la conexión diurna-nocturna. Comprarás una cámara y tomarás lecciones avanzadas en las plazas. Conocerás el amor delante de una madre y su hijo. Te sentarás en el pavimento y descubrirás que no hubo jamás frío más rico. Reconocerás frente al espejo a un hombre feliz con potencial de ejecutivo. Entonces los removerás todos de la casa entera. Cerrarás los ojos y viajaras al mundo de lo desconocido. Bailarás tango en Argentina y samba en Brasil. Caminarás descalzo en la arena y vivirás tu primera nevada. Saltarás edificios en afán de réplica de cualquier misión imposible. Serás inmensamente feliz cuando tu rostro se arrugue de tanto reír y pienses que a tus cincuentaitantos años aún te queda mucho por vivir. Te sentarás al borde de la cama para ver el amanecer y al oscurecer harás una pausa desde cualquier puente y le rendirás respeto a esos minutos de muerte y de renacimiento. Te sentirás fuerte. Las etiquetas más deleznables se te caerán como tus cabellos (de a cientos por día). Bailarás sin sentido en las aceras y el coche sólo lo usarás para salir de la ciudad… hasta que descubras los rieles interminables de una aventura distinta.
Dejo las gafas protectoras a tu alcance… con un poco de suerte te las olvidarás al decapitar ese último espíritu en tu cubículo hoy.

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