Eso es todo su señoría. Empaco en esas viejas maletas sus risos rubios, encierro en la guantera del auto su pasaporte de actividades salvajes, entierro en el jardín -al lado del pez dorado- su corazón de bronce y me largo de aquí.
Por qué me mira así, su majestad? Aparento acaso ser un monstruo? No. Usted no estuvo allí cuando su tez blanca se mezclaba con ese color manjar de aquel... Agr! Usted no vio en sus ojos la satisfacción de ser de él. Entregarse sin moral ni juicio a quien por tantos años dijo ser mi hermano de otra sangre.
Compartí con ambos felicidad, risas y encantos. Fueron mi soporte en momentos de tormentas y tornados. Caminaron conmigo los senderos más desgastados. Juntos me hicieron sentir poderoso y victorioso. Juntos me eliminaron de este ecosistema al valor de una traición sin precedente.
Un sucio cliché sin clase ni imaginación.
Si sólo ella hubiese partido en busca de otro amor. Si tan sólo él hubiese decidido partir al encuentro de un futuro mejor... todo lo hubiera perdonado. No, todo lo hubiera comprendido. Los hubiera apoyado. Con sudor, sangre o lágrimas de por medio. Con todo hubiese llenado sus corazones de todo cuanto ellos me hubiesen pedido.
Su señoría, usted no comprende. La historia no se escribe a si misma pero hay muchas cosas que caen por su mismo peso. Lo dice la teoría de la gravedad y no yo, humilde conocedor de las palabras. Su merced, debe entender que no existía otro proceder. Sus honras no estaban manchadas sino inexistentes. Como buen combatiente sabía que sólo había una manera de darle significado a sus tristes vidas.
Aunque todo aquello significó un terrible desenlace. Una labor que no le deseo a nadie. Un debate entre mis emociones y mi razón. Pero no me dejé dominar.
Hice lo que un buen amigo/amante puede hacer. Me entregué a la tarea de su purificación a pesar del dolor de ésta bomba de tiempo que llevo encerrada en el pecho.
Por eso... mi estimada dama. No esperaré a su condena.
He resuelto poner las cosas en su lugar original. Yo al lado de él, de ella. En el medio, como siempre fue. Ellos se encuentran exentos de todo pecado y yo me libraré de mi culpa cuando cumpla con mi deber final.
No, no se asusten miembros del jurado, personas amables del público. Bella dama, no pretendo cometer una locura. Mi intención no es otra que hacer el bien.
Ha sido un placer compartir el aire de ésta sala en ésta mañana de primavera. Casi hace más difícil mi proceder.
Bien... adiós.
Por qué me mira así, su majestad? Aparento acaso ser un monstruo? No. Usted no estuvo allí cuando su tez blanca se mezclaba con ese color manjar de aquel... Agr! Usted no vio en sus ojos la satisfacción de ser de él. Entregarse sin moral ni juicio a quien por tantos años dijo ser mi hermano de otra sangre.
Compartí con ambos felicidad, risas y encantos. Fueron mi soporte en momentos de tormentas y tornados. Caminaron conmigo los senderos más desgastados. Juntos me hicieron sentir poderoso y victorioso. Juntos me eliminaron de este ecosistema al valor de una traición sin precedente.
Un sucio cliché sin clase ni imaginación.
Si sólo ella hubiese partido en busca de otro amor. Si tan sólo él hubiese decidido partir al encuentro de un futuro mejor... todo lo hubiera perdonado. No, todo lo hubiera comprendido. Los hubiera apoyado. Con sudor, sangre o lágrimas de por medio. Con todo hubiese llenado sus corazones de todo cuanto ellos me hubiesen pedido.
Su señoría, usted no comprende. La historia no se escribe a si misma pero hay muchas cosas que caen por su mismo peso. Lo dice la teoría de la gravedad y no yo, humilde conocedor de las palabras. Su merced, debe entender que no existía otro proceder. Sus honras no estaban manchadas sino inexistentes. Como buen combatiente sabía que sólo había una manera de darle significado a sus tristes vidas.
Aunque todo aquello significó un terrible desenlace. Una labor que no le deseo a nadie. Un debate entre mis emociones y mi razón. Pero no me dejé dominar.
Hice lo que un buen amigo/amante puede hacer. Me entregué a la tarea de su purificación a pesar del dolor de ésta bomba de tiempo que llevo encerrada en el pecho.
Por eso... mi estimada dama. No esperaré a su condena.
He resuelto poner las cosas en su lugar original. Yo al lado de él, de ella. En el medio, como siempre fue. Ellos se encuentran exentos de todo pecado y yo me libraré de mi culpa cuando cumpla con mi deber final.
No, no se asusten miembros del jurado, personas amables del público. Bella dama, no pretendo cometer una locura. Mi intención no es otra que hacer el bien.
Ha sido un placer compartir el aire de ésta sala en ésta mañana de primavera. Casi hace más difícil mi proceder.
Bien... adiós.
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