Cuatro vasos de sangría
fueron la cortina perfecta
y de poco en más
las pieles cedieron a su instinto animal
Sus nudos desnudos eran lo más puro
en mi lado más virginal.
Cuatro gemidos contenidos
en el vahído humor de la noche
cuadros de color
plumas hormigueando
en mis entrañas.
Cuatro horas en la cama desconocida de un hotel
y de regreso al bulevar
a la espera de
cuatro fantasías más.
1 comentario:
Tienes de todo en tu cajón amiga, y esto me gustó mucho, y además leerlo entre otras cosas, en una mañana que no es de las mejores para mí.
Publicar un comentario