Sentada
sobre una única loseta,
fría.
Ideas enmudecidas.
Él,
la sostenía por arriba
de la cintura,
sumergiéndose
en lo profundo
de la pileta
de sus ojos verdes.
Ella,
se mordía el
labio inferior
regalando una
leve sonrisa.
No existía rock & roll
en medio de sus abrazos.
La cabeza entre las piernas,
nalgas adormecidas.
Tras cuatro cuartetos
un vientre se ha ido ensanchando.
Queda ensangrentada la loseta.
El silencio
fue lo más bello que él jamás dijo.
En el viento,
sopla una promesa de cura de silencio.
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