8 de enero de 2008

ella en la tierra de muros gigantes

Muros de gigantes la acechaban , una penumbra espesa le servía de cobija y un chillido de sandalia sudorosa la perseguía por el laberinto. En plena circunstancia, ella dijo:"Dale, que no te tengo miedo". Acto seguido, se despojó de su chaqueta y usó las mangas para construirse un antifaz. Golpeó la tierra con una fiereza desconocida por la dulzura del timbre de su voz, arrancándole todos sus mechones verdes con ese movimiento. Se puso en posición de ataque, llevó sus manos a la altura de su pecho firme y gritó: "Ven por mí, si eso es lo que quieres. Aquí te espero con mi amiga la muerte."

Ella no lo sabía pero la neblina se disipó y la luz reinó entre el color de su piel. Sus ojos, aún vendados, se hallaban erquidos... espectantes.

El hombre de enterizo negro, agitado, retiraba sus toscas manos de los brazos de ella. Él no lo sabía pero los dos habían muerto con la llegada de la luz, pero sólo él había podido volver a la tierra de muros gigantes.

Ella sabía que no tenía sentido.

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