Siento como mi corazón se precipita, como queriendo abandonar el cuerpo que con cada nuevo paso contradice a un destino errado. Entro a la habitación vacía; la última del ala izquierda de la finca de veraneo. En un rincón encuentro los retratos de una familia; desgastados, olvidados.
El aroma fétido del ropero me ha atropellado la cabeza con recuerdos; ecos martillando los tímpanos envejecidos de un necio. Un ilusión óptica anidada en el cristal polvoriento ha mostrado la máxima perfomance de dos niños sedientos, apasionados.
¡Cuán lejos ha quedado el oasis de paz de aquellos días!
Reviso las pisadas aún frescas en la grama mientras unos cabellos -enralecidos y grises- saludan a mi frente. Cerca al horizonte, me ha parecido encontrate. Acelero la marcha, el pulso bate al ritmo del rock más pesado y mis dientes rechinan como lo harían las uñas sobre un pizarrón.
Finalmente, con respiración contenida, me detengo en un movimiento brusco. Sólo lo suficiente para evitar que mi desiquilibrada estructura ósea se desplome en el marco verdimarrón que yace abajo.
"Te pongo bajo el cerezo en flor"- te dije hace tantos años. El mismo que mis desorbitados ojos observan. Donde creí verte. Donde creí sentirte.
Bajo aquél cerezo en flor (estación de verano) has quedado atrapado. Cuán lejos han quedado los niños apasionados que reían a orillas del lago; que soñaron con una realidad ajena, propia.
Los recuerdos siguen cabalgando.
El aroma fétido del ropero me ha atropellado la cabeza con recuerdos; ecos martillando los tímpanos envejecidos de un necio. Un ilusión óptica anidada en el cristal polvoriento ha mostrado la máxima perfomance de dos niños sedientos, apasionados.
¡Cuán lejos ha quedado el oasis de paz de aquellos días!
Reviso las pisadas aún frescas en la grama mientras unos cabellos -enralecidos y grises- saludan a mi frente. Cerca al horizonte, me ha parecido encontrate. Acelero la marcha, el pulso bate al ritmo del rock más pesado y mis dientes rechinan como lo harían las uñas sobre un pizarrón.
Finalmente, con respiración contenida, me detengo en un movimiento brusco. Sólo lo suficiente para evitar que mi desiquilibrada estructura ósea se desplome en el marco verdimarrón que yace abajo.
"Te pongo bajo el cerezo en flor"- te dije hace tantos años. El mismo que mis desorbitados ojos observan. Donde creí verte. Donde creí sentirte.
Bajo aquél cerezo en flor (estación de verano) has quedado atrapado. Cuán lejos han quedado los niños apasionados que reían a orillas del lago; que soñaron con una realidad ajena, propia.
Los recuerdos siguen cabalgando.
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