No se va aunque le haga "buh",
menos si me escondo bajo la cama.
Tiene vida propia.
Me persigue,
cual ataque maestro
en una partida de ajedrez.
Entre mis sábanas,
le siento.
El recuerdo me atrapa
tiene piernas largas
y, a pesar de ser un gigante,
yo le doy la espalda.
Soy yo quien escribe la historia
con su sudor y sus lágrimas.
Él es tan sólo un período lineal
que se esconde en mi placar,
en aquella blusa
cuyo olor
se ha negado a abandonar.
Navegaré nuevos ríos,
a su sombra sempiterna.
Ahora golpea mi cabeza.
Padezco de memoactifobia.
3 comentarios:
Los recuerdos suelen entrometerse y abandonarlos no es sencillo, a veces convivimos amistosamente con ellos y andamos juntos como viejos camaradas. Muy bueno y original, "es tan solo un período lineal que se esconde en el placar, en aquella..."
Un abanico de posibilidades se abren cuando le damos una mirada a la ventana del recuerdo, no?
Siempre se agradecen tus comentarios. Sobretodo cuando son tan dulces como este.
Esas sempiternas y a veces oscuras sombras de los recuerdos jamás nos abandonan, y nos persiguen tal y como nuestra propia sombra cuando caminamos de cara al ocaso. Es terrible.
Me gustó mucho tu/su escrito :)
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