9 de junio de 2007

cara blanca

Las manos del mimo se posan sobre un cristal
transparente,
inexistente.

Han cesado los aplausos, el mimo sonríe y agita el sombrero.

Su mirada: afligida. Las piezas de plata no alimentan al ego,
empero son una promesa de pan para pasar el día.

Él se detiene frente a mí.
Se esconde.
No ha soportado los cuestionamientos acumulados en el silencio.
Se vuelve hacia una señora amable
quien aprovecha para susurrarle
con lágrimas ahogadas: "eres igual a mi hijo".

¿Tendrás, mimo, energía para un nuevo trote?
Las ansias se han perdido con el tiempo
y los juegos infantiles murieron con el recuerdo.
No queda más pasado
eres una ilusión:
supuesto oasis en el desierto.

No hay comentarios.: