1 de febrero de 2007

memorias de un otrora niño... perdido

Yace el ceño fruncido
en el rostro del hombre,
otrora niño perdido.

Lleva una soga atada en el pecho
disminuye el aire con el ensueño
y en el alma, una mordaza
que le impide vivir en el mundo de los existentes.

Ejercita los músculos magros
en la caldera del verano,
musita extravagancias
entre los hombres,
otrora niños.

No acusa a aquel que yerra
pues la indiferencia se mutiplica en su seno
y el ideal de justicia
se extingue...
como su otrora niño.

29.01.07

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